miércoles, 16 de marzo de 2011

BARRIADA DE GUANARTEME, ¡QUÉ LINDA ERES!




Nací en la Barriada de Guanarteme (Las Palmas de Gran Canaria) el 14 de mayo de 1948. La Barriada era en aquellos tiempos de mi niñez una zona casi despoblada. La mayoría de sus calles estaban sin asfaltar y la playa de La Cícer era una auténtica escombrera. Mucho de sus vecinos, la mayoría, trabajaban en las factorías y otros como estibadores en el puerto de La Luz. La Fosforera y la costa eran también ámbitos de ocupación laboral.

Era aquella una época de grandes penurias.La pesca era el pasatiempo favorito de muchos vecinos, pero en una época de tanta escasez era normal que muchos de ellos, para cubrir sus necesidades, recurriesen a ella como medio de aprovisionamiento. Sobre todo en el Muro de Lloret, donde la pesca de lebranchos, sargos y salemas era muy copiosa, como también lo era la recogida de lapas, burgados y pulpos en la parte trasera del Auditorio. En la pequeña barra que está enfrente de Los Muellitos eran también muy abundantes los mejillones y las lapas.Las Fiestas del Pilar significaban para los vecinos de La Barriada uno de los pocos momentos de diversión que nos podíamos permitir, al igual que Las Fiestas del Sagrado Corazón de Jesús, pero estas fiestas se celebraban - y se celebran - en La Barriada Alta.

La Barriada, en aquellos días, estaba dividida por un barranco, el Barranco de La Ballena. En épocas de abundantes lluvias era muy corriente verlo correr y llevar sus aguas a la playa de La Cícer. Guanarteme, como dije anteriormente, era, en aquel entonces, un auténtico despoblado. Abundaban los solares sin vallar que eran utilizados por los niños como campos de fútbol. De esos campos de fútbol salieron deportistas de gran prestigio, pero uno de ellos destacó sobre el resto: Germán Dévora.

Las carencias en aquel entonces eran tales que teníamos que recurrir al ingenio para jugar un partido de fútbol en la calle. Si no teníamos una pelota utilizábamos una de trapos que consistía en coger un calcetín viejo, llenarlo de trapos y luego darle unas cuantas vueltas y coserlo.

La playa de la Cícer era (como ahora) un lugar de expansión para los vecinos de La Barriada, sobre todo para la chiquillería. Allí jugábamos nuestros partidos de fútbol a la altura de Casa Bosmediano "Ca Ñoño".

La gente de La Barriada siempre distinguió la playa de La Cícer de la playa de Las Canteras, y era muy corriente escuchar decir a los niños cuando estábamos en La Cícer: ¿Vamos a bañarnos en Las Canteras? Y es que aunque ambas playas se han fusionado, Las Canteras y La Cícer son dos playas diferentes. La Cícer con sus negras arenas, sus olas y la ausencia de La Barra la convierten en una playa con personalidad propia. Es más, la playa de Las Canteras debe su nombre a la extracción de cantos. Sin embargo, La Cicer, al estar situada en un mar libre, sin La Barra, la extracción era imposible. Son dos playas distintas fusionadas en una. Es lo que en el Derecho Mercantil se conoce como absorción.

Transcurrían los años y parecía que el tiempo se había detenido. Los cambios eran imperceptibles en La Barriada. La Cícer seguía siendo una playa vecinal.

Un día, a finales de los 60, me encontraba sentado en la punta de Los Muellitos y observé como se acercaban tres chicos extranjeros que portaban sendas tablas. Unas tablas que jamás había visto en mi vida. Dejaron allí las mochilas y se dirigieron a un rompiente que está frente a Los Muellitos y comenzaron a practicar surfing (luego supe que se llamaba así). Poco me podía imaginar que aquel era el comienzo de un cambio que iba a revolucionar nuestra playa pues esta comenzó a ser visitada por gente joven ajena a La Barriada y, con el tiempo, a ser conocida internacionalmente.

Después de la apertura del Paseo de Las Canteras, la playa de la Cicer esperimentó un cambio más profundo, aún. El majestuoso Auditorio "Alfredo Kraus" se ha convertido también en una seña de identidad. ¡Qué lejos está La Cícer actual de aquella playa marginal!

Hace poco me encontré con un amigo de la infancia que me dijo: "¿Te acuerdas cuando a La Barriada no la quería nadie? Mira, ahora. Todo el mundo quiere venir a vivir a esta zona".Y es verdad. Ser de La Barriada era un estigma y a la playa de La Cícer no se acercaba nadie.

Sin embargo, no todo está finalizado. Quedan muchas cosas por hacer. La Cícer crecerá mucho más, todavía. Su inmediato futuro está ahora en las obras que se proyectan donde se encontraba la central eléctrica.Pero hay algo que deben tener en cuenta los responsables de su mantenimiento y mejora (Ayuntamiento, Costas, etc). Cuando el mar se lleva la arena en determinadas épocas, aparecen en la playa pedazos de muros de hormigón que son restos de antiguas edificaciones. Debería aprovecharse la ocasión para llevarse esos escombros que tanto afean nuestra playa. También debería hacerse lo mismos con las rocas y callaos que al contrario de lo que muchos piensan, porque no son de aquí o son muy jóvenes, no son de la mar en su mayoría, sino restos de vertidos (la playa de La Cícer era, como ya dije, una verdadera escombrera) que el mar embravecido arrastró mar adentro y, luego, en determinadas épocas, los depositan en la playa. Sobre los vertidos del Barranco de la Ballena no me pronuncio porque ya se ha escrito mucho al respecto. La playa de La Cícer merece todo nuestro respeto y cuidado pues le da prestigio y fama a nuestra Barriada.

Ya, para finalizar, sólo me resta reconocer y agradecer a los surferos su decisiva contribución, su enorme contribución, a que hoy nuestra playa sea conocida mundialmente. Ellos han logrado que la playa de la Cícer sea, actualmente, más popular en España y en el extranjero, que la misma playa de Las Canteras. La Barriada de Guanarteme tiene una deuda pendiente con ellos. Un monumento al surfero sería un justo homenaje a su gran aportación al reconocimiento nacional e internacional de nuestra playa.